Tus caminos en mis venas
Que me detenga el pasado, con sus furias de uñas entre los dientes. Que me aplaquen la virtud de desvanecerme antes que todo empieze. Sin rostros en los escenarios. He golpeado mi descencia en la mañana del despues. Y sin embargo te ausentas como una musica extraña. Como si la herida de vino que choca en los espejos, no te involucrara. Como si los ojos no fueran los engaños en las calles gritando tu nombre. En lágrimas hechas jaurias. No he resuelto más que desvestir la magnitud del infinito. Romper con las pieles de los ausentes para que el frio desconozca sus escrituras.
Retornar a las dolencias que amalgaman la suerte de no ser entre tus manos. De no inquirirte la existencia cuando amaneces. Y a veces puedo experimentar más de una rutina. Sin que el futuro se insolente en un par de lineas mínimas. Curando las fechas y los días.
Hechémos nuestra identidad a un mar cualquiera. Descartémos lo onirico que nos despierta antes que podamos hechar palabra a nuestros sentidos. Si estás en voluntad de permanecerte. Al costado de una falaz memoria disidiente. Que, sin embargo, nos construye a cada paso.
Podría hoy, sin que el sur de tus calles venga a censurarme las mayusculas, poner un habitáculo que una en episodios, la sangre que nos acongoja.
Si me permite tu libertad, de negar apellidos, en cada puerto. Si tus azules discretos no se negáran a pertenecer a esta indiscreta soledad que nos reconcilia. Raptaré de tus orillas, los silencios que pisas en las madrugadas. Y armare más de una entrada a lo que nunca llamamos "nuestro". Para destruir luego todo lo creado. Y desatar de venas, la naturaleza que nos embriaga.
Pero si tu indulgencia, no besára mis ansias. Si la tez de tus espalda fuera lo ultimo que atestigue mi desengaño. Agradeceré la sinceridad en la circunstancia oportuna. Aunque torpemente irrenunciable. Volvería a ser descortés y caer sobre los campos con las tintas bajo el brazo. Para denunciarte perpetua y hasta necesaria. Aun a traves de la distancia.
Retornar a las dolencias que amalgaman la suerte de no ser entre tus manos. De no inquirirte la existencia cuando amaneces. Y a veces puedo experimentar más de una rutina. Sin que el futuro se insolente en un par de lineas mínimas. Curando las fechas y los días.
Hechémos nuestra identidad a un mar cualquiera. Descartémos lo onirico que nos despierta antes que podamos hechar palabra a nuestros sentidos. Si estás en voluntad de permanecerte. Al costado de una falaz memoria disidiente. Que, sin embargo, nos construye a cada paso.
Podría hoy, sin que el sur de tus calles venga a censurarme las mayusculas, poner un habitáculo que una en episodios, la sangre que nos acongoja.
Si me permite tu libertad, de negar apellidos, en cada puerto. Si tus azules discretos no se negáran a pertenecer a esta indiscreta soledad que nos reconcilia. Raptaré de tus orillas, los silencios que pisas en las madrugadas. Y armare más de una entrada a lo que nunca llamamos "nuestro". Para destruir luego todo lo creado. Y desatar de venas, la naturaleza que nos embriaga.
Pero si tu indulgencia, no besára mis ansias. Si la tez de tus espalda fuera lo ultimo que atestigue mi desengaño. Agradeceré la sinceridad en la circunstancia oportuna. Aunque torpemente irrenunciable. Volvería a ser descortés y caer sobre los campos con las tintas bajo el brazo. Para denunciarte perpetua y hasta necesaria. Aun a traves de la distancia.


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